"Uno va subiendo la vida
de a cuatro los primeros escalones,
tiene todas las luces encendidas
y el corazón repleto de ilusiones.
Uno va quemando energías,
es joven, tiene fe y está seguro.
Soltándole la rienda a su osadía,
llegará sin retrasos el futuro.
Y uno sube, sube, sube,
flotando como un globo en el espacio,
los humos los confunde con las nubes,
subestimando a todos los de abajo.
Y uno sigue, sigue, sigue
sumando vanaglorias y ambiciones;
no sabe en realidad lo que persigue
y va de distorsión en distorsiones.
Uno es un montón de etiquetas,
es un escaparate, un decorado,
un simple personaje de opereta,
un fruto de consumo consumado.
Uno es una simple herramienta
que tiran cuando ya caen en desuso;
uno lo sabe pero no escarmienta,
sigue aferrado a la ilusión que puso.
Y uno piensa, piensa, piensa
que siempre seguirá en el candelero,
que nunca ha de vaciarse su despensa,
que queda mucha tinta en el tintero.
Y uno sigue, sigue, sigue
cautivo de su imagen, caminando.
El ego desbordado no concibe
que muchos otros vengan empujando.
Y uno va teniendo evidencias,
ya no recibe flores ni palmadas:
rechaza que empezó su decadencia,
que va por la escalera de bajada.
Uno alza su voz de protesta,
suplica por seguir estando a bordo
y duda, cuando nadie le contesta
si ha quedado mudo o si son sordos.
Y uno baja, baja, baja,
no quiere, por orgullo, lamentarse
que ya no es quien baraja la baraja
ni se ha guardado un as para jugarse.
Y uno baja, baja, baja,
desciende lentamente hacia el olvido;
hay algo en su balance que no encaja,
lo que ha querido ser y que no ha sido.
Uno queda solo en la mesa
migando su pasado amargamente,
le cuesta confesar que ha sido presa
de un canto de sirenas permanente.
Y uno es una isla desierta,
un médano en el mar, un espejismo
empieza por abrir todas las puertas
y termina a solas con sí mismo."
Con una pata colgando, despojo de una pedrada.
pasó el perro por mi lado, un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros, pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón, de perras tristes y flacas.
destinados a comer basuras de plaza en plaza.
Cuando pequeños, qué finos y ágiles son en la infancia.
baloncitos de peluche, tibios borlones de lana.
los miman, los acurrucan, los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo que ven que se fue la gracia.
los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa.
sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.
Qué tristes ojos que tienen, que recóndita mirada.
como si en ella pusieran su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia.
si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo le llamo: psss, psss, psss. Todo orejas asustadas.
todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia.
el perro escucha mi voz, olfatea mis palabras.
como esperando o temiendo pan, caricias... o pedradas.
no en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss. Dócil a medias avanza.
moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas.
Chasco los dedos; le digo: "Ven aquí, no te hago nada.
vamos, vamos, ven aquí". Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies, a tiernos aullidos habla.
ladra para hablar más fuerte, salta, gira; gira, salta.
llora, ríe; ríe, llora; lengua, orejas, ojos, patas.
y el rabo es un incansable abanico de palabras.
Es su alegría tan grande que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo? Sí, sí,
sí, malhaya".
El perro me entiende; sabe que maldigo la pedrada.
aquella pedrada dura que le destrozó la pata.
y él, con el rabo, me dice que me agradece la lástima.
Pero tú no te preocupes, ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero, aunque de distintas plazas.
y a patita coja y triste voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío, vamos, anda que te anda.
con nuestra cojera a cuestas, con nuestra tristeza en andas.
yo por mis calles oscuras, tú por tus calles calladas.
tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma.
y cuando mueras, amigo, yo te enterraré en mi casa.
bajo un letrero: "Aquí yace un amigo de mi infancia".
Y en el cielo de los perros, pan tierno y carne mechada.
te regalará San Roque una muleta de plata.
Compañeros, si los hay, amigos donde los haya.
mi perro y yo por la vida: pan pobre, rica compaña.
Era joven y era viejo; por más que yo lo cuidaba.
el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres, mucho peso en sus tres patas.
y una mañana, en el huerto, debajo de mi ventana.
lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada.
un duro musgo de pelo, con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros se fue, anda que te anda.
las orejas de relente y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos, cirujano de palabras.
bien surtido de intercambios con que curar viejas taras.
"Para ti... un rabo de oro; para ti... un ojo de ámbar.
tú... tus orejas de nieve; tú... tus colmillos de escarcha.
Y tú, (mi perro reía), tú... tu muleta de plata".
Ahora ya sé por qué está la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No, es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo agujeritos de plata.
Autor: Manuel Benítez
(Granada 1922-1999)
Tomado de www.facundocabral.org
| No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que puebla. Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5,600 millones. Además no es tan malo vivir solo. Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco, algo fundamental para vivir. No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie Chopin a los 90. Solo por citar dos casos conocidos. No estás deprimido, estás distraído, por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado. No hiciste ni un solo pelo de tu cabeza por lo tanto no puedes ser dueño de nada. Además, la vida no te quita cosas, te libera de cosas. Te aliviana para que vueles mas alto, para que alcances la plenitud. De la cuna a la tumba es una escuela, por eso lo que llamas problemas son lecciones. No perdiste a nadie, el que murió simplemente, se nos adelantó, porque para >allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón. Quién podría decir que Jesús está muerto? No hay muerte: hay mudanza. Y del otro lado te espera gente maravillosa: Gandhi, Michelangelo, Whitman, San Agustín, la Madre Teresa, tu abuela y mi madre, que creía que la pobreza está más cerca del amor, porque el dinero nos distrae con demasiadas cosas, y nos aleja por que nos hace desconfiados. Haz sólo lo que amas y serás feliz, y el que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito, que llegará cuando deba llegar, porque lo que debe ser será, y llegará naturalmente. No hagas nada por obligación ni por compromiso, sino por amor. Entonces habrá plenitud, y en esa plenitud todo es posible. Y sin esfuerzo porque te mueve la fuerza natural de la vida, la que me levantó cuando se cayó el avión con mi mujer y mi hija; la que me mantuvo vivo cuando los médicos me diagnosticaban 3 ó 4 meses de vida. Dios te puso un ser humano a cargo, y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás. Recuerda a Jesús: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Reconcíliate contigo, ponte frente al espejo y piensa que esa criatura que estás viendo es obra de Dios; y decide ahora mismo ser feliz porque la felicidad es una adquisición. Además, la felicidad no es un derecho sino un deber, porque si no eres feliz, estás amargando a todos los que te aman. Un solo hombre que no tuvo ni talento ni valor para vivir, mandó a matar seis millones de hermanos judíos. Hay tantas cosas para gozar y nuestro paso por la tierra es tan corto, que sufrir es una pérdida de tiempo. Tenemos para gozar la nieve del invierno y las flores de la primavera, el chocolate de la Perugia, la baguette francesa, los tacos mexicanos, el vino chileno, los mares y los ríos, el fútbol de los brasileiros, Las Mil y Una Noches, la Divina Comedia, el Quijote, el Pedro Páramo, los boleros de Manzanero y las poesías de Whitman, Mahler, Mozart, Chopin, Bethoven, Caravaggio, Rembrant, Velásquez, Picasso y Tamayo entre tantas maravillas. Y si tienes cáncer o sida, pueden pasar dos cosas y las dos son buenas; si te gana, te libera del cuerpo que es tan molesto: tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo razón, tengo dudas....y si le ganas, serás humilde, más agradecido, por lo tanto fácilmente feliz. Libre del tremendo peso de la culpa, la responsabilidad, y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante profundamente como debe ser. No estás deprimido, estás desocupado. Ayuda al niño que te necesita, ese niño será socio de tu hijo. Ayuda a los viejos, y los jóvenes te ayudarán cuando lo seas. Además, el servicio es una felicidad segura, como gozar a la naturaleza y cuidarla para el que vendrá. Da sin medida y te darán sin medidas. Ama hasta convertirte en lo amado, más aún hasta convertirte en el mismísimo amor. Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso, una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimenta a la vida. |
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